Qué se planteó
La fábrica recibía pedidos de mesas de acero inoxidable y estanterías modulares por varios canales a la vez: correo, llamada telefónica y visita directa a planta. Cada vendedor anotaba las medidas en su propio cuaderno o en una hoja suelta, y las especificaciones llegaban al taller con diferencias entre lo que el cliente pidió y lo que el soldador tenía en el banco de trabajo. El resultado eran retrabajos en soldadura sanitaria, superficies que no coincidían con la medida del espacio y entregas que se corrían varios días.
El objetivo no era digitalizar todo, sino fijar un punto de entrada único donde cada pedido quedara registrado con la misma estructura: tipo de mueble, medidas, espesor de chapa, tipo de soldadura, cantidad de niveles en el caso de estanterías y fecha en que el cliente necesita el equipo en su planta.